La Salita, viajar a través de lo que dicen los platos

Siempre me pasa. Supongo que eso es bueno. Igual que cuando te subes a un escenario o vas a hablar en público ante la gente, te sale ese nervio de dentro del estómago, que te recuerda que estás vivo y que no eres una máquina robotizada que vive a golpe de tuits y fotos con el filtro Valencia. Siempre me pasa, digo, cuando entro a un restaurante de los buenos, de los que hablan todos. Porque siento que voy a vivir algo bonito y me emociono previamente, supongo. Y con La Salita me ha vuelto a pasar.

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