Restaurante Ciro, grata sorpresa gastronómica tras las luces de neón

 

Un profesor del máster que hice hace unos años nos enseñó en clase una fotografía del salón de un restaurante sin decirnos el nombre del local.  Nos preguntó que nos sugería. Tradicional, rústico, sobrio. Fueron algunos de los adjetivos que se escucharon ante la instantánea que mostraba una sala con muebles recios y poca ornamentación. Creo que incluso alguien dijo casposo. El restaurante era, nada menos, que El Bulli. Se nos quedó a todos cara de tontos, obviamente.

De la misma forma que hay lugares cuyo envoltorio deslumbra pero solo encierran humo, también hay otros que sin aparentar lo más mínimo, esconden grandes sorpresas. El Restaurate Ciro pertenece a esta última categoría. Es difícil que alguien que pase por delante sin conocerlo, imagine que tras ese cartel  de luces de neón, convertido ya en marca de la casa, y en ese interior de cafetería remozada de barrio, uno vaya a toparse con una cocina original, una presentación excelente y un precio que no suele superar los 15 o 20 euros.

Ciro está ubicado en una pequeña callejuela de la Avenida de Campanar.  A mediodía cuenta con varias opciones de menús: 12, 14 o 16 euros. La diferencia está en los entrantes, uno, dos o cuatro, más un primero a elegir entre dos opciones y el postre. Como caníbales profesionales que somos, nos decantamos por el de cuatro entrantes. Además, ofrecen otros dos menús más amplios en los que han reunido los mejores platos de estos tres años de existencia.

Comenzamos por unos caramelos de embutido. Una pasta filo bien frita que envolvía dos pequeñas bolitas de longaniza y morcilla. Seguimos con una caballa con coliflor y escabeche de setas, original y sorprendente en la combinación de sabores. Continuamos con unas patatas con all-i-oli, que fue lo que me dejó más fría y por último una cazuelita de albóndigas con sepionet, ricas.  De primero podíamos pedir bacalao con hervido valenciano o arroz de presa y setas. Pedimos el arroz y acertamos. El carpaccio de presa que envolvía todo el plato le daba un sabor intenso y diferente a lo que estamos acostumbrados y el grano estaba en su punto justo. La forma de presentar el postre también nos sorprendió. Unas natillas deliciosas servidas en un bote hermético, un “huevo frito” con yema de melocotón y clara de nata y un mini coulant de chocolate.  Todo bueno.

Para beber, nos apetecía cerveza y elegimos una artesanal de nombre Galana originaria de La Yesa, en la comarca de Los Serranos. Potente y con personalidad.  Hay que probarla. En total pagamos 21 euros. Un precio inmejorable para la calidad y la originalidad de los platos que se escondían tras esas luces de neón.

Nota media: 7

Precio medio: 16 – 35 €

Para ir con: cualquiera al que quieras sorprender, con ese amigo listillo que se cree que conoce todos los restaurantes buenos de la ciudad.

Plaza Juan Pablo II, 4, Valencia

Telf.  963 46 78 07

 

 

 

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