Ca Mandó, un refugio interesante en Ruzafa

Me gusta la gente apasionada, los que se entusiasman con un libro tras leerlo, los que quedan fascinados con los personajes de una película o los que saben transmitirte el subidón que les provoca practicar un deporte. Por eso, cuando alguien cercano de cuyo criterio me fío, me habla con efusión de algún restaurante, este pasa automáticamente a encabezar la lista de mis próxima visitas. Así ocurrió con Ca Mandó, un local ubicado en la parte más tranquila del barrio de Ruzafa y cuya atmósfera se da un aire a un pequeño bistró francés, tanto por su luz tenue como por su música tranquila y la amabilidad de su servicio.

En una de sus paredes de pizarra se anuncia la carta, no demasiada extensa, pero sí lo suficiente como para satisfacer las necesidades del comensal. Antes de pedir, la camarera nos advirtió que se les habían terminado algunas de las sugerencias. La voracidad de las fiestas navideñas había acabado con parte del género.

La oferta de Ca Mandó se centra en una cocina de mercado en la que se combinan productos de la tierra con otros más exóticos. Nosotros elegimos un sashimi de salmón con huevos de trucha. El pescado estaba bueno, pero como siempre que como sashimi, me quedo con la sensación de haber ingerido un exiguo aperitivo que no consigue calmar los rugidos de mi estómago. Siempre me quedo con ganas de más.  Seguimos con una berenjena a la plancha con queso fresco, tomate seco y olivas negras, una combinación estupenda, aunque a la berenjena, cortada en lonchas muy finas, le faltaba estar más caliente.  Pedimos una tosta elaborada con pan payés de torta del casar, membrillo y tomate seco. Nos gustó tanto que pedimos otra. Y es que este queso extremeño debería figurar en la base de la pirámide nutricional por la felicidad que produce su simple aroma. Terminamos con unos canelones de pato, que fueron en mi opinión, lo más sabroso de la cena. Envueltos en pasta filo y fritos en su justa medida, no dejaban ni pizca de grasa y además estaban rellenos con mucha chicha.

Bebimos vino por copas. Yo seguí la recomendación de la camarera, un tinto joven llamado Torre de Barreda, que me supo muy bueno. Mis compañeros optaron por blanco.  Terminamos con un brownie de chocolate, que no guarda en mi memoria ningún lugar destacado pero que estaba correcto.

Salimos 20 euros por barba, con unas cañas previas. Muy buen precio para un sitio agradable y recogido en el que se agradece huir por unas horas del bullicio habitual de los locales de Ruzafa. 

Por cierto, recomiendo encarecidamente que le echen un vistazo a las fotos de su fanpage, porque ese día yo no estaba sembrada y mis fotos desmerecen el producto.

Nota media: 6,75

Precio medio: 20-25 €

Para ir con: el ligue en una primera cita, tu pareja para una cena relajada, con amigos que quieran huir del mogollón de Ruzafa sin moverse demasiado.

c/Pedro III El Grande, 12. Valencia

Telf. 662 02 40 00

 

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